lunes, 30 de mayo de 2016

La cábala de los Cuellar

“Él rezaba una oración antes de entrar al campo de juego. Pero nunca me dijo cuál era”.

Por Pablo Iván

Se suele decir, con buen tino, que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Aunque lo más acertado es decir “al lado” y no “detrás”.

Tuve la suerte de conocer hace unos meses a Susana, la esposa de Tomás Rodolfo Cuellar. Junto a su hija menor, Soledad, pasamos una tarde de mates hablando sobre “Tito”.

Cuellar, un apasionado del fútbol y del Celeste, no permitía que su familia fuera al estadio a verlo jugar; siempre prefirió mantener a los suyos fuera del ambiente. Sin embargo, su forma de vivir fue suficiente para contagiarles una enorme pasión por la “B”.

Los futboleros, además de goles, triunfos y derrotas, alimentamos nuestros mitos y hazañas mediante cábalas. Cientos y miles que funcionan o fracasan en simultáneo, mientras compiten los colores que tanto amamos.

Los Cuellar tuvieron una muy efectiva: cuando Tito dirigía al equipo que se consagró campeón del Regional de 1986, se aferraron a ella con la ilusión de alcanzar el título. Una cábala gastronómica, en este caso, que se repitió durante los 40 partidos en que el Pirata se mantuvo invicto con Cuellar como DT.

“Cuando tocara, de día o de noche, a la hora del partido, con la radio puesta, se comía costeletas con papas fritas en el patio, porque nos traía buenos resultados. Llegó el invierno, las lluvias, y nosotros seguíamos comiendo afuera, debajo del toldo. Cuarenta domingos seguidos comimos lo mismo.”

Tras escuchar el entrañable testimonio, sumido en nostalgia y emoción, se me ocurrió al instante comentar entre risas: - Menos mal que tocó un menú sabroso en la suerte, y no mondongo...

¿Sabés las veces que me fui caminando, de promesa, para que Belgrano ganara? ¡Hasta subí de rodillas las escaleras de la Iglesia Santo Domingo, hasta la cofradía de la Virgen de los milagros! Las cosas que he hecho por Belgrano… Ni yo ni mis hijos aparecíamos por la cancha, porque mi marido no quería… pero hacíamos todo por Belgrano”.

HACÍAMOS TODO POR BELGRANO. 
Qué hermosa frase con que Susana termina de contar esta historia.



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jueves, 26 de mayo de 2016

Villagra, el fútbol y la historia

                                                                                                    
                                                                                         Por Gringo Ramia

Primer tiempo

Dicen que a la historia la escriben siempre los que ganan. Creo que en realidad es al revés: ganan los que escriben la historia, los dueños del lápiz con punta. Julio César Villagra nunca imaginó que estaría escribiendo sin papel, carbón puro, un par de botines, una camiseta, la memoria de miles de personas. Él solamente jugaba al fútbol.

En este inventado país la lucha ha sido, y lo sigue siendo, la imposición de la memoria; la selección, recorte, y repetición del pasado, en todos los ámbitos. Así fue que leímos, y aprendimos como pudimos, en los 14 pizarrones de nuestra escolaridad que San Martín cruzó los Andes en su Caballo Blanco, que Sarmiento fue el primer maestro, que el Cabildo y los pastelitos para las negras sin dientes, todo para recortar en la Billiken. Ahí están los héroes que le van a dar sentido a esta gran Nación, en cada calle céntrica del país. Y están las guerras, los grandes acontecimientos y los feriados. Y los dinosaurios, las pirámides de Egipto, Roma, el descubrimiento de América, la Revolución Industrial y el hombre en la luna. Eso es la historia, un montón de frases, titulares del que rara vez se aprende el cuerpo de los hechos. 

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos los que no somos héroes, los que no vamos a cruzar los andes, los que no vamos a liberar a ningún pueblo? Vivimos, hablamos y cantamos nuestra historia. Y otros, muy queridos, hacen jueguitos, patean una pelota y nos hacen vivir, hablar y cantar otra historia a miles. No hay feriados para los comunes, menos para los jugadores de fútbol. Algunos viven en la memoria oral del pueblo y cada tanto es necesario escribirlo. 

La Chacha

Julio César Villagra. Nombre de emperador. El guaso era tan tímido que no hubiera podido jamás estar al frente del imperio romano. Le decían la Chacha, jugaba generalmente por la banda derecha, dejaba a los defensores rivales pidiendo el diario y enloquecía a la hinchada pirata. Atacar pueblos indefensos es de cobardes. Encarar a un defensor en una cancha visitante no es para cualquiera.

Llegó a Belgrano en 1982, más o menos en la época en que a Galtieri se le ocurrió recuperar las Malvinas. Venía con su amigo Mario Luna, que le insistió en que lo acompañara a probarse. Belgrano estaba en la lona. Villagra, un negro de Villa Libertador, flaquito, ruludo y con cubana, como eran los cordobeses de antes, se hartó de desbordar y tirar el centro, desbordar y enganchar para adentro, picar sin que nadie lo alcance, frenar y seguir. El Pucho Arraigada, que andaba probando jugadores no dudó en aceptarlo. Una pequeña crónica periodística dice que el 18 de julio de 1982 la Chacha debutó contra Alianza San Martín (una fusión entre Argentino Peñarol y Huracán) en la cancha de Huracán de Barrio La France. Ganaba Alianza. Empató Belgrano. Último minuto del partido, gol de Villagra. La tribuna delira. La historia, agradecida.


Lo que no se dice

Aquí conviene pisar  la pelota. Sentir que  todos pasan un poquito de largo. Girar, observar el panorama, cambiar de frente. Como dije anteriormente, la historia es un territorio de disputas y en el fútbol también pasa lo mismo. Alguien escribió su historia y dijo esto sí, esto no.

Todo comenzó a finales del siglo XIX cuando a algún inglés se le ocurrió bautizar con la palabra “foot-ball” a ese juego que consistía en trasladar un objeto redondo con los pies y empujarlo hasta el lugar donde había dos postes y un travesaño. La fecha coincide con la invención de casi todos los deportes modernos. ¿Qué es lo que diferencia a un juego de un deporte? Me gusta lo que dice Sasturain “el deporte nace de la suma del juego más la competencia. Algunos nacen como juego puro, otros, como competencia pura. Desde caminar sin pisar los límites de las baldosas a embocar papeles en el cesto o escribir con pis sobre el patio de tierra. El juego libre es espontaneidad no sujeta a reglas; y con las reglas –aunque sean mínimas- nace la competencia”.

Al principio no había muchas diferencias con el rugby ya que ambos deportes consistían en trasladar un balón hasta un punto determinado. La prohibición de utilizar las manos en el fútbol fue el quiebre definitivo entre ambas disciplinas. Así, mientras se jugaba y practicaba, se iban definiendo los lineamientos principales de este nuevo y apasionante deporte. Los ingleses inventaron casi todas las reglas. Y las escribieron. Y así comienza parte de esta historia.
Para esa época los ingleses dominaban el comercio mundial. En cada barco cargado con mercadería con la cual someterían a los pueblos, viajaba una pelota. Cayeron a Argentina. Jugaron entre ellos; se hablaba en inglés en los partidos. “Los ingleses locos”, decían los paisanos. Pero los de acá se enamoraron rápido. Y empezaron a jugar. Argentina era un cocoliche de inmigrantes, de nacionalidades, de lenguas y costumbres. El fútbol, por la economía de su práctica permitió igualar a todos, integrar a miles de tipos que vivían en el país y no votaban, no decidían, no nada. Me animo a decir que el fútbol fue de lo más democrático de la época.

Pibes de 14, 15 años armaban equipos. No conocían las reglas pero lo jugaban. Los ingleses armaron una liga, jugaban entre ellos. Se empezaron a fundar clubes de fútbol por todos lados, en todo el país. Los trenes llevaban ese extraño y loco juego: patear una pelota desde la punta de esta pampa hasta el horizonte aquel.  Amateurismo puro. Jugar por jugar. Después hubo gente, tribunas, estadios, masividad, pueblo, plata y más plata. Entonces, el profesionalismo. Frenar. Cambiar de frente, volver la pelota atrás. 

En cada provincia del país se crearon ligas, Córdoba creó la suya, Santiago del Estero, Tucumán, Mendoza. Buenos Aires también, le llamaron Primera División y todos sus clubes estaban directamente afiliados a la AFA. El resto del país no. Eventualmente, campeonatos Nacionales mediante y luego, con la reestructuración de los años 80, los clubes del interior comenzaron a acceder a la liga porteña, la A.

Belgrano, Talleres, Instituto y Racing fueron los clubes más ganadores de la liga cordobesa. Hubo campeones,  goles, jugadores, árbitros, hinchas, festejos, amores y dolores, hubo fútbol, hubo vida. Pero algo pasó y en un momento toda una historia dejó de importar.

A mediados de los 80 Talleres, Instituto y Racing, escritorio mediante, abandonaron la liga, se fueron a Primera y quedó Belgrano, corriendo para cualquier lado, hecho mierda. Y en el peor momento en la historia del club aparece Villagra, soldando estos pedazos de historia.


Tiempo recuperado

Villagra jugó entre 1982 y 1991. Vivió, lo que dicen los que la vivieron, la “década romántica”. Fue, realmente, una etapa durísima pero hasta el sufrimiento se extraña cuando ya no está. Las vivió todas: Liga Cordobesa, Provincial, Regional, Nacional B y 45 minutos en Primera, ante River. En “reconocimiento a su trayectoria”, los dirigentes le dieron el pase libre. Se lo sacaron de encima, lo mataron, le quitaron la vida mucho antes. ¿Qué hace un jugador cuando ya no puede jugar? Villagra hizo hasta tercer grado del primario, no sabía hacer ecuaciones, ni conocía de diptongos ni geografía, ni de ciencias naturales ni nombres de capitales de Europa ni de historia. Villagra jugaba al fútbol, hacía historia, pero todavía no lo sabía.

El 13 de septiembre de 1993, con 30 años de edad, la Chacha fue a una plaza, se sentó en uno de los bancos y se pegó un tiro. Murió dos días después. Se terminó su vida y empezó su historia. La idolatría creció. Los que lo vieron jugar desde la tribuna, los que lo conocieron envuelto en su timidez, los que pudieron sacarse una foto, todos comenzaron a tejer un recuerdo, armar un relato. No hay casi imágenes de él: un par de centros, dos o tres goles, un par de minutos de video para una década. Ni siquiera aparece en Wikipedia. Villagra es una historia oral, como el fútbol todo, contada de generación en generación. Las jugadas se agradan, los dolores se achican, la memoria elige.

A los pocos meses, Chichí Ledesma, el mismo presidente que lo había dejado libre, decide nombrar a la cancha de Belgrano Julio César Villagra. No hubo ninguna documentación oficial, no hubo acta, no hubo cartel, placa, nada. Todos siguieron diciéndole el Gigante, el periodismo, los hinchas. Veintidos años después se hizo justicia: los propios hinchas pintaron un cartel con la inscripción de su nombre, con la presencia de su leyenda, para nombrar a las cosas por su nombre.


No pude ver jugar a la Chacha pero el fútbol permite incluirte en el pasado, hablar de un nosotros. Soy un común, uno de los que nunca gana  e incapaz de gambetear, hacer más de diez jueguitos, soy uno más. Escribir sobre él, recuperar las emotividades, es hacer otra historia, desafiar los discursos gritones, dar vuelta el partido y ejercitar la memoria. 


jueves, 14 de abril de 2016

La ginebra pirata

Anécdota ideal para la sección “Curiosidades” del blog. 

El intendente del Club A. Belgrano, Luis Albarracín, nos cuenta el gran hallazgo encontrado debajo de la tribuna Hualfin. Una botella de ginebra Llave (ya sin etiqueta) que permaneció oculta durante más de 20 años abajo de las gradas.
Siempre supimos en Alberdi que debajo de los escalones se contrabandeaban bebidas espirituosas. Incluso, muchas veces aparecían decomisadas por la fuerza policial. Esa, y otras razones de seguridad en los estadios, obligaron en los '90 a tapar con ladrillo los costados de la tribuna.

Dos décadas más tarde, al derribar la pared, apareció esta reliquia pirata; digna de colocar en la vitrina del patrimonio popular.



lunes, 4 de abril de 2016

Pereyra y Spallina: goles son canciones



Es mucho más reciente y difundido el caso de Pereyra, viralizado en las redes sociales, cuando en el 2014 actúo en la 13ra. Edición del Conquín Rock. Invitado por Micky Rodríguez (ex Los Piojos), juntos tocaron "Con mi flor", en el arranque del festival; tal como atestigua la foto.

"Me gustan muchas bandas, pero lo mío es sólo un hobby. Mis favoritos son Ciro y Las Pastillas" “Es todo muy raro, nunca me hubiera imaginado estar en una situación así. Poder subir al escenario ya es demasiado”, le expresó el Picante a los medios.


Y tiempo atrás, 2010, también aparecieron videos del delantero cantando. Como este que publicaron en revistabelgrano.com.ar, donde interpreta el tema "Lo más lindo", de Las Pastillas del Abuelo.



Del pasado, donde uno se informaba a través de las revistas, podemos rescatar también las dotes artísticas de Spallina. Ya habíamos publicado aquella foto donde, disfrazado del personaje, imitaba a Doña Jovita. En esta ocasión, en una nota de Sólo Fútbol de 1991, se destaca al “canta-gol cordobés”. 



De niño amaba cantar. De adolescente incursionó en la batería. Y ya de jugador, el Tano interpretaba los temas melódicos del grupo “Tropicalísimo Galaxia”, orquesta de cumbia, cuarteto y ritmo salsa. 
Después de los partidos que Belgrano jugaba en Córdoba, el futbolista aprovechaba para cantar con los muchachos. 


“Quiero aclarar que lo tomo como un hobby, que me gusta y tengo la posibilidad de hacerlo, pero sin percibir dinero alguno. El grupo está tratando de conseguir un patrocinante, por lo que se lo comenté al presidente Ledesma, quien además es representante de Sebastián. Pero aún no sé si tomó en serio lo que le comenté”, declaró en dicha nota.

En este video, vemos al Tano en su versión humorista, haciendo imitaciones de famosos en la fiesta "Pequeñas historias": 



Como se aprecia, Gustavo  Spallina y César  Pereyra tienen puntos en común. Ambos delanteros, vinculados a las camisetas número 7, aunque jugando por todo el frente de ataque. Los dos celestes y conquistadores de una cincuentena de goles (52 y 54) con la camiseta de Belgrano. 

Quizás no ocupan el podio de la primera línea de ídolos, pero sin dudas son jugadores que marcaron épocas de la historia del Club (en los 90 y 2000, respectivamente).  Y que por ello se han ganado el cariño, la ovación y el respeto incondicional de toda la hinchada. 
Pero, además de grandes goleadores, César Pereyra y Gustavo Spallina comparten una pasión en sus vidas: la música. 

Coincidencia que queríamos reflejar en el posteo del día de hoy.



domingo, 27 de marzo de 2016

El Tito y la Chiva: obreros dentro y fuera de la cancha

“El fútbol sigue siendo uno solo, aquí ya todo está descubierto, lo que pasa es que hay distintas modalidades”. Froilán Altamirano, 1986.

Cuellar y Altamirano, celebran un aniversario del Club.

Por Pablo Iván

Y sí, es evidente que el fútbol sigue siendo el mismo deporte de once contra once, dos arcos, una pelota, 90 minutos, un conjunto de reglas y un referí. Pero a la vez claro está que, más allá de eso, el mismo ha experimentado notables cambios a lo largo de su historia, desde que lo trajeron los ingleses.

En los inicios del siglo XX, llegó a Argentina con un espíritu amateur, practicado con fines recreativos, higiénicos y atléticos. Luego se produjo el nacimiento de los clubes, su consolidación como espacios sociales y el jugar “por la camiseta” durante unos 20 años. 

Después la aparición de los hinchas, la construcción de estadios y el denominado “marronismo”, cuando los dirigentes comenzaron a tentar a las “estrellas” con viáticos o puestos de trabajo, a cambio de más entrenamiento y mayor disciplina. Proceso que fue decantando en el surgimiento del profesionalismo, hacia 1932, y con ello los contratos, las transferencias de jugadores, el espectáculo y sus negocios.

En el caso de Córdoba, hubo grandes figuras que, además de jugar, trabajaron en otras funciones y lugares, al menos hasta entrados los años 70. Por citar sólo ejemplos en Belgrano: Miguel Laciar en el Banco Nación, Mingo Ceballe en la Universidad, el Negro Garay en el Registro Civil. Hoy nos explayaremos sobre dos casos de históricos referentes del Celeste: Tomás Rodolfo “El Tito" Cuellar y Froilán “La Chiva” Altamirano.

Altamirano planchando en el Clínicas.


La Chiva es un prócer indiscutido. Adentro de la cancha, lo definieron como “un patrón siendo obrero”. Jugó en todos los puestos en que le pidieron, con el overol siempre calzado para la causa Belgrano, desde 1959 y durante 13 temporadas.

Desde el comienzo, su vida fue la de alguien que "la lucha" de sol a sol. Según el libro “Acarreando Recuerdos” del Gordo Oviedo, su pase costó 50 bolsas de porlan. Eso, que hoy puede sonarle ridículo al lector, es lo que pidió este jugador para ponerse la celeste. Ello a razón de que se encontraba construyendo su humilde casa en Malagueño, casualmente donde están las cementeras de Córdoba.

En el '59 se vino a patear a Alberdi, donde le consiguieron un puesto en el Hospital Nacional de Clínicas, que le asegurara cada mes un sueldo fijo y digno. Allí permaneció durante casi tres décadas, llegando a ser jefe de sección y a cargo de la lavandería; hasta su inesperada muerte en 1987, cuando tenía apenas 50 años.

La Chiva en plena jornada.

En 1986, le declaró a la revista Los Celestes: “sigo levantándome todos los días a las 5 de la mañana. Laburo mucho, como se podrán dar cuenta, pero estoy bien, muy bien te diría. En el Clínicas acabo de cumplir 27 años de servicio, lo que es un gran honor para mí. Fijate que en ningún momento dejé este trabajo, incluso cuando entrenábamos duro con Belgrano, especialmente en la época de los Nacionales”.

Se sabe que el CAB, de la mano de los PF Díaz Otañez y Corvalán, marcó un cambio para el fútbol cordobés en 1968. Con ellos se empezó a hacer pretemporada y entrenamientos diarios, incluso doble turno. También fue novedosa la implementación de las “concentraciones” antes de los partidos, modificaciones que se corresponden más con la actual época.

Primero en la oficina. Después a entrenar.

Belgrano y Cuellar forman una simbiosis perpetua. Pero antes de incursionar en el fútbol, Tito jugaba al básquet en el Club Matienzo. Allí de hecho conoció a Susana, su esposa. A diferencia de la mayoría de los empleados, que entra a EPEC por vínculo familiar, Tito logró su ingreso a través del baloncesto, según cuenta Susana.

Allá por 1962, fecha en la que consiguió este empleo, a Cuellar lo pretendían para que jugara en Unión Eléctrica, del Sindicato de Luz y Fuerza. Así como la Chiva puso 50 bolsas de cemento como condición, Tito solicitó que le dieran un puesto de trabajo, y así se dio. Con ese equipo jugaría entre 1964 y 1966.  En lo laboral, sería jefe de División de Adjudicaciones.

En ese entonces, Cuellar ya estaba fichado por Belgrano, donde debutaría al año siguiente para hacer una carrera extraordinaria donde consiguió 12 títulos más uno como entrenador. Esta exitosa trayectoria no hubiese sido posible de no ser porque en EPEC siempre apoyaron a Tito, con licencias especiales para que éste pudiera viajar y defender la celeste por todo el país. Eso sí: los lunes tempranito, así estuviera molido por los moretones del partido, se levantaba e iba a laburar.

Tito marcando tarjeta a las 6:30 am.

Desde entonces, y hasta 1998 cuando aceptó el retiro voluntario, Cuellar cumplió con tareas administrativas en la empresa que provee electricidad.  Luego obtendría su jubilación en el 2001, de la que gozaría hasta el 2007, cuando a los 65 años perdió un cotejo clave ante la invencible muerte. En el camino queda la valiosa anécdota ya contada en los medios, cuando ayudó a Agustín Tosco a escapar del control militar; siempre al servicio de sus compañeros, de la lucha y de la dignidad.

Más allá de compartir planteles, La Chiva y el Tito fueron grandes amigos. Altamirano rememora en 1986: “Las concentraciones de aquel equipo eran fantásticas. Por ejemplo, recuerdo que siempre nos disfrazábamos con el Tito Cuellar de gaucho y de paisana, para bailar alguna cosa folclórica. Los demás se mataban de risa”.

Tal vez sea una anécdota impensada en los tiempos que corren; como así también que un futbolista, además de jugar al fútbol, dedique varias horas de su vida a otra actividad. En la actualidad, se entrena dos horas por día y los sueldos de los profesionales bastan como para “salvarse” para toda la existencia, tras el retiro. Y, salvo contadas excepciones, no realizan otro tipo de acciones como estudiar, trabajar o desarrollar algún hobby. Sin embargo, hasta no hace muchos años – en la generación de nuestros viejos-, eso era muy distinto y aquí lo reflejamos.

Cuellar y sus años de antigüedad 

Son tan sólo dos casos de trabajadores de aquella Córdoba obrera de los '60 y '70, que tuvieron mucho en común. Ambos resultaron ídolos eternos de Belgrano, con excelsas carreras en las que superaron los 300 partidos. Ambos fueron figuras entrañables de los grandes equipos del ’68 y el ’71. Los dos fueron directores técnicos de la "B". Nuestros vestuarios llevan sus nombres. Y ambos fueron hombres de familia y sacrificados laburantes, que dejaban todo por la camiseta, dentro y fuera de la cancha.

No en vano gracias a ellos nació el dicho “A  Lo Belgrano”. Sin ustedes, par de inolvidables, siquiera existiría el nombre de este blog. Por eso nos tomamos el trabajo, en este domingo de descanso, de dedicarles este merecido posteo. Son los mejores empleados, no del mes, ni del año; sepan, son los mejores desde 1905.



lunes, 21 de marzo de 2016

Chicha Libre en El Gigante


Se sabe que Belgrano es un club que, más allá de lo deportivo, está intrínsecamente ligado a lo artístico-cultural. Y que esta tradición está vinculada a la historia del barrio Alberdi y a su representación en el espacio cordobés.

En esta ocasión, compartimos un registro audiovisual, hallazgo surgido en una reciente charla de café con Cecilia Salguero. Se trata de un videoclip del tema “La Plata (en mi carrito de lata)" de la banda estadounidense Chicha Libre, que incluye escenas del estadio Julio César Villagra, conocido popularmente como El Gigante de Alberdi.

Chicha libre es una banda surgida en Brooklyn, liderada por Olivier Conan y cuyos músicos provienen de diversas partes del mundo. El nombre del grupo hace referencia a la chicha, un licor a base de maíz que se consume en América del Sur desde la época de los Incas. También es el nombre de un género musical peruano íntimamente ligado a la cumbia psicodélica que se hizo en Perú entre los años 60 y 70.
Chicha Libre actuó en el 2012 en Córdoba, precisamente en Casa Babylon, lugar que sobrevive en el Abasto desde hace más de 15 años,  y que nos trae a la ciudad una variedad impresionante de bandas indies del país y del extranjero.

En su paso por acá, la banda paró en una casa de nuestro barrio, justo una zona que se caracteriza por la multiculturalidad y donde reside una importante comunidad peruana. Allí, saliendo a caminar por sus calles, llegaron a Belgrano, como no podía ser de otra manera. Una vez adentro se coparon con la cancha y decidieron filmar escenas que luego serían incluidas en el videoclip que en este post compartimos.

¡Con ustedes Chicha Libre, en el primer territorio libre de América!



sábado, 19 de marzo de 2016

111 años de pasión



Hoy perdimos, pero ya nos vamos a levantar, ¿o no, Tito?
"Vos por lo pronto no me bajés los brazos,
porque a la bandera de la lucha
la tenemos que seguir levantando entre todos".
¡Dale Belgrano! ¡Felices 111 años!

miércoles, 9 de marzo de 2016

La final del '35: fiesta y boda en Alberdi

                                                                                   Por Pablo Iván

"Eran tiempos en que se desconocían los sistemas. Épocas del fútbol suelto y librado a la creación del jugador (...)  Años de fulgor en los cuales Belgrano y Talleres sentaban primacía sobre el resto. Definían campeonatos a granel y entre estas divisas clásicas se repartían los títulos(...) Entre los grandes acontecimientos que tuvieron como bandera a estas populares instituciones, hay uno que por su dramaticidad no se podrá olvidar. La final del año 1935". (Los Principios, 1968)

Tal como refiere la cita anterior, celestes y albiazules se enfrentaron numerosas veces para definir campeonatos, obteniendo a lo largo de la historia suertes dispares. En el caso del CAB, 11 de sus 58 títulos los obtuvo definiendo ante su máximo rival, uno incluido en la Boutique de B° Jardín (Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano). 

En esta ocasión recuperamos la final de 1935, en la que Belgrano se consagró campeón del Oficial de LCF. Un certamen que parecía para Talleres hasta pocas semanas de finalizar y que se desvió para quedarse en las vitrinas de Alberdi. Tras empatar en la tabla de posiciones, el torneo se definió en un encuentro final.

El cotejo decisivo se iba a jugar el 17 de noviembre, pero a causa de una intensa lluvia se postergó para la semana siguiente, el domingo 24 en El Gigante. (Cambio de fecha que también influye en el destino de un resultado deportivo).

José E. Sosa (el novio)

El trámite que a continuación narraremos, tiene entre sus protagonistas destacados  a José Enrique Sosa, caudillo de la defensa pirata y capitán del equipo. Todo un referente de la década del ’30. Su incidencia ese día fue determinante, tanto en el juego como en su vida amorosa.

Las crónicas de la época dan cuenta que Belgrano arrancó dominando el primer tiempo. Sin embargo,  el visitante se puso en ventaja a los 37, con gol de Manzoli. Así se retiraron a los vestuarios. 

A los 13 del complemento, ocurrió una jugada clave en la vida de José E. Sosa y de nuestra Institución.  Un remate del delantero Manzoli dejó abatido al arquero Heredia. Era gol, en Arturo Orgaz al 500 o en la China. Allí apareció este defensor celeste, para atajar la pelota con la mano y así impedir el segundo tanto albiazul (a lo Turus vs. Instituto, en el 2008). 
Al referí no le quedó otra que cobrar penal.

La cosa se puso fulera. Hasta que un tal Castro, delantero de la “T”, se negó a patearlo. Pasaron los segundos, los players del rival dudaban. Finalmente tomó la responsabilidad un jugador llamado Dell’Acqua, que desde los 12 pasos la pateó a las nubes. Qué Alivio...
Foto de Enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano (Gustavo Farías)

Talleres se desmoralizó al instante, Belgrano fue a la carga barraca. El empate se veía venir, no podía tardar. El 1 a 1 llegó a los 29, por intermedio de Luque. Y tres minutos después, el mismo goleador embocó el 2 a 1 a favor de la “B”.  Parecía todo terminado, pero otra vez apareció Manzoli y colocó el 2 a 2 con que concluyó el tiempo reglamentario. 

Se jugaron 30 minutos de suplementario. Los guasos estaban extenuados. Daniel Viller la llevó por la derecha a lo guapo, con lo poco que le quedaba de aliento. Eludió a Ortiz y a Bertolino, enfrentó al arquero Albano y sacó un zapatazo con alma y vida que infló la red. ¡GOOOOOOL!, se vino el estadio abajo. 3 a 2 y una nueva vuelta olímpica.

           Albano, el arquero de Talleres. (VyGB)

33 años más tarde, un veterano y calvo José E. Sosa le confesó al Diario Córdoba que fue el mach más importante de toda su carrera.

"La retribución que nos correspondió a cada player celeste por haberle ganado al tradicional rival Talleres fue de $100 y $5 por la diferencia de goles. O sea que me tocaron $105, una fortuna en esa época. Y me vino muy bien para mis preparativos de casamiento, pues estaba ahorrando firme".

Aquel campeonato significó entonces una alegría doble para Sosa. Por un lado, alcanzar la gloria deportiva. Y, por el otro, el premio monetario para solventar su boda.
José E. Sosa (el esposo)

Eran épocas donde se afirma que al fútbol se jugaba con mayor libertad, sin órdenes estrictas en la cancha. Todo lo contrario al amor, donde para jugar sin tapujos con el sexo opuesto, uno primero debía casarse. No sea cosa que “el qué dirán”...

La ceremonia se celebró en una modesta capilla de Alberdi, donde el back derecho vestido de novio pudo cumplir con su anhelo. 
Al comenzar, el cura les dio un sermón y la bendición. Después Sosa le colocó el anillo a su amada, sintiéndose enamorado. Ella hizo lo mismo con él, en nada menos que en la sagrada mano que nos valió el título de 1935. 

Recién allí pudieron besarse, mientras los invitados aplaudían y coreaban "Dale campeón, dale campeón", incontenibles, lanzando arroz al aire en el epílogo de la misa.





jueves, 3 de marzo de 2016

A lo Rambo


La calcomanía es noventosa y llega a nosotros a través de Nono Arbulú, ideal para la sección curiosidades de este blog.
Se trata del ex presidente Gregorio "Chichí" Ledesma (1990-96 y 2001), caricaturizado como una especie de súperheroe.
Las caricaturas permiten deformar la realidad: casi ni se nota que se trata de un dirigente oscuro, que se cansó de robarle al Club y nos mandó a la quiebra.
A la distancia, un posteo bizarro que nos permitimos en A Lo Belgrano.

sábado, 27 de febrero de 2016

Quiero verte otra vez: el campeón de 1971.


por Pablo Iván

Han sido incontables las veces en que mi viejo me habló del famoso Belgrano de 1971. Para graficarlo, siempre repite que los hinchas vestían frac para ir a ver al equipo: jugaba tan bien, era tan dominante, que se podía ir a la cancha a disfrutar el partido, sin sufrir ni transpirar. Que cada fecha era como una gran ceremonia, digna de celebrarse.

Así se refiere la enciclopedia Viejo y  Glorioso Belgrano, de Gustavo Farías, cuando menciona a esta escuadra celeste:
“El equipo del ’71 es el preferido entre los veteranos, a la hora de intentar hacer un listado de los mejores equipos que pasaron por barrio Alberdi. Y no sólo eso: también podría estar en cualquier clasificador de las mejores expresiones futbolísticas que haya dado la provincia. Es que al Belgrano del ’71 no sólo lo sostuvieron los números (campeón en el torneo local y quinto en el Nacional), sino que contó con una camada de jugadores de indiscutida jerarquía obsesionada con el arco rival: anotó 91 goles en 43 partidos, a un promedio de más de dos goles por partido".

Las fotos que exponemos son de la desaparecida revista ESTADIO, y corresponden al partido en que Belgrano se consagró campeón de Córdoba, sumando su campeonato oficial N°23. 

Una final que definió mano a mano con Racing de Nueva Italia, la tarde del 21 de noviembre de 1971, en la Boutique de B° Jardín. Final que fue por demás accidentada, con hechos que a continuación rememoramos.

El Celeste fue dueño del partido desde el arranque. A los 5, Miguel Laciar abrió para Juan Carlos Heredia, éste se la devolvió, y el 10 marcó el 1  a 0. Y apenas  a los 30 segundos del segundo tiempo, otra vez el “Pato” de Río Cuarto sería la llave para marcar el 2 a 0 de cabeza.  

Pero tres minutos más tarde, sobrevino una ola de violencia que decantó en la suspensión del cotejo. Tras  la expulsión de un hombre de Racing y un forcejeo entre varios jugadores, se sucedió una inesperada represión policial. Otra prueba de que, si bien los hechos violentos se incrementaron con el paso de los años,  en el fútbol argentino se registran desde antaño. 

Narra la revista ESTADIO: “Las fuerzas policiales descargaron su ira con cartuchos y de pronto todo se tiño de drama, de absurdo castigo a la naturaleza humana.(…) Después todo el desorden: el gas, las piedras, los contusos y heridos. La representación amarga de lo que puede ser el desenfreno, la escasa prudencia con que se maneja lo que algunos ilusos queremos llamar todavía espectáculos deportivos”.

Con posterioridad, la Liga Cordobesa lanzó un comunicado duro, responsabilizando exclusivamente al Cuerpo de Seguridad de la Policía de Córdoba. Y determinó completar el partido el 24/11/71 en la misma cancha, pero esta vez sin público.

Reinaldi intenta calmar a los policías en medio del conflicto.

Los gases lacrimógenos desalojan por la fuerza a la concurrencia.

Tres días más tarde, en un estadio vacío, donde “escasos hinchas, que rompieron controles lograron subirse a las tribunas”, el Pirata dio la ansiada vuelta olímpica.  El trámite no varió, y Belgrano le propinó una goleada de 4 a 0 a su rival de turno.

La máquina ofensiva de la “Milonguita” selló el 3 a 0: “Sucedió  a los dos minutos de juego, cuando Heredia enganchó una pelota picando hacia adentro, levantándola por sobre las marcas de Gardiol y Castro, hasta enfrentar a Trucchia y colocarla en las mallas, sin que el arquero alcanzara a mover los brazos”.

El cuarto tanto llegó como broche de oro, desde las crinas doradas al viento de la “Pepona”: “¿Cuál es la duda? Suponemos que nadie puede tenerla por lo visto en los 42 minutos que restaban. Un Belgrano, con el gol exacto de Heredia, el remate final de Reinaldi para el segundo tanto, dejaron sentada una superioridad innegable, que a fuerza de ser repetida corre el riesgo de convertirse en una agobiante muletilla”.

La cámara toma el instante frágil y maravilloso del pitazo final, cuando el árbitro anuncia que la contienda ha terminado.  El brinco de las piernas que se desprenden del pasto, los puños apuntando al cielo, las corridas de hombres estremecidos con lágrimas embarradas que no tardan en caer, mientras los pocos testigos ensayan el “¡Dale campeón, dale campeón…!”, para ofrendarle a un equipo que acaba de adjudicarse un título ganando por goleada.

Escribe el fallecido periodista Nito Neder, para revista ESTADIO: “Establecidas las razones globales de la victoria celeste, quedan otros rasgos, otros signos de tanta pasión desatadas en un vestuario de multitud, con gritos alegres, con abrazos sin memoria, con la dulce embriaguez de la conquista. Esos cantos, aquellos gritos fueron tiñendo de celeste la tarde de Barrio Jardín”.

Tras la conquista del campeonato local, Belgrano desplegó su potencial en el Nacional de 1971, donde finalizó quinto, producto de 9 triunfos, 3 empates y 2 derrotas. Ese año el torneo se dividió en dos zonas de 14 equipos cada una, en la que los dos primeros clasificaban a semifinales. La “B” finalizó tercero en su grupo, “detrás de Newell’s e Independiente, ante quien sufrió una derrota clave por 1 a 0, en un partido definido por un polémico penal del “Tito” Cuellar a José Pedernera” (VyGB).

Han pasado 35 años y, a la distancia, los hinchas más experimentados siguen recordando a este grandioso equipo en los bares de la ciudad. Cierran los ojos y se ven todavía allí, parados en los escalones de cemento, vestidos de frac, siendo testigos privilegiados de jugadas inolvidables. 

Mezclados entre ellos, estamos lo más jóvenes.  Los que no contamos con una filmación para juzgar, ni lo hemos observado desde la tribuna. Pero que, así y todo, hurgamos registros, vamos por las calles preguntando, nos transportamos a otras épocas para compartirlas en el presente. 

Nadie jamás podrá arrebatarnos la fantasía que sentimos al ver estas imágenes. Allí también estamos nosotros, metidos adentro de la escena. Invadiendo el campo de juego, para llevar a nuestros jugadores en andas y cantarles a grito pelado “No te vayas campeón…., quiero verte otra vez…”. Una y otra vez,  hasta el bendito día en que se quede afónica toda esta locura.






viernes, 19 de febrero de 2016

Castor - Fuentes- Belgrano

Por Pablo Iván

Basta con googlear las tres palabras del título, para advertir que sólo existe un link de una postal hecha por Cultura, Arte, Belgrano, con el fin de rescatar su figura. Y no hay más nada en la web.

La prensa, los hinchas, le dan el mayor sentido a los once que se ponen la camiseta y la defienden, a veces bien y otras mal, durante los partidos. Pero detrás de ellos, existen números seres que a lo largo de la historia han trabajado sin descanso, desde el anonimato, por mucho amor y poco dinero. Ése es el caso de Castor Fuentes, histórico utilero y canchero del CAB.

Según la enciclopedia Viejo y Glorioso Belgrano, llegó procedente de Pamplona (España) en la década del ’30, escapándole a la Guerra Civil Española (1936-39). Vivió debajo de las tribunas de El Gigante durante cuarenta años. En ese estadio crió a sus hijos y entregó su vida al servicio de nuestra gloriosa Institución.

                                       

El Gordo Edgardo Oviedo lo rememora así, en su libro Acarreando Recuerdos: “Un servidor cumbre de fidelidad y amor por el Club (…) Con su hijo, Rubén, suyas eran la tribuna, la cancha, los equipos, hasta los botines de cuanto jugador se calzaba la celeste”.

En algo los testimonios coinciden: Don Castor era un viejo cascarrabias, un hombre que se enfadaba y protestaba por cualquier motivo. Pero, a la vez, tenía un corazón enorme y cuidaba a los jugadores como si fuera un padre, lo que lo convertía en un personaje singular y entrañable.

A esto se refiere Oviedo cuando cita: “Jamás desaparecerá de mi retira su pequeña figura, con su boina y su pipa. Siempre una puteada a flor de labio, porque los muchachos vivían provocándolo y su respuesta era la parte humorística (…) hacerse putear por el “Gallego” pasó a ser una cultura en el vestuario celeste”.

Hay varias anécdotas que dan cuenta de su carácter podrido. Juan Carlos Gómez supo contar que una vez llegó un delantero a probarse - tal vez Jacinto Carballo- y que Castor le dio a propósito dos botines que eran del mismo pie. Y cuando el jugador fue a reclamarle, le contestó “¡El que sabe jugar, juega lo mismo!”.

Justamente, le pregunté sobre esto al “Pato” Laciar, ex futbolista de los ’70, a lo que me comentó entre risas: “Eran épocas difíciles. Jugábamos con las medias agujereadas, y entonces le pedíamos a Castor que las cosiera, que las arreglara. Y el Gallego te respondía “¡Para qué quieren medias sanas, si ustedes no sirven!”.


Sus hijos, Ruben y Segundo, se enamoraron de los colores y acompañaron la causa. “Ruben las hizo a todas: fue jugador de inferiores, canchero del frontón de paleta y escaló en la jerarquía institucional hasta ocupar el cargo de gerente administrativo” (Viejo y Glorioso Belgrano).

En una entrevista publicada por el diario Los Principios, a fines de los 60, Ruben Fuentes declara con orgullo: “Yo nací bajo estas tribunas (…) y creo que mis primeros escarpines fueron celestes”.

De tal palo, tal astilla. A los 23 años se convirtió en empleado efectivo del CAB, con sentimiento y oficio heredado: “Todavía usaba pantalones cortos cuando comencé a correr al lado de Don Castor (…) Él me enseñó la profesión, a cuidar esa cancha y a marcarla con un reguero de cal (…) Las líneas del mediocampo, del área chica y del área grande, el trabajo obligado de los sábados, para que los muchachos jueguen los domingos”.

Y bajo esa premisa aún vigente, de que al fútbol se jugaba mejor antes que ahora, le confiesa al entrevistador: “Cómo me gustaría que hubiera visto usted jugar al equipo del ’37. Salimos campeones invictos. Formaba Heredia, Sosa y Restelli; Villagra, Múrua y Gorosito; Viller, Luque, Maine, Salas y Guzmán. Ellos me dieron una de las alegrías más grandes de mi vida”. 


"A fines de la década del 80, en el centro de Córdoba, fue encontrado un cadáver desconocido", sentencia la postal sobre el protagonista. Desaparece el cuerpo del celoso guardián de nuestra casa, para quedar suspendido en el aire sensible donde flotan las leyendas. Porque, tal como dijo Arturo Capdevila "son muertos que viven".
Es entonces cuando aparece el acto de justicia poética, la inversión de palabras en esta clase de sujetos; los invisibilizados por el tiempo, los que no salen en los posters, los que no fueron ovacionados por la hinchada. Y empero son, han sido, y serán parte fundamental del relato grandioso que nos une desde 1905.
   
Oviedo se consuela en una de sus páginas melancólicas: “Yo sé que allá arriba, el Creador lo tiene a Castor para inflarle los fútbol en cuanto picado de cuantos niños corran atrás de una pelota”.

¿Y, quién puede saberlo, Gordo? A lo mejor está fumando su pipa en este instante, mirando a Alberdi desde una ventana algodonada del cielo. Puteando todavía al primer equipo, que perdió ayer por goleada ante Colón. Gritando hasta el hartazgo su célebre frase: “¡Me cago en Dios y en un barco lleno de ostias!”. Así lo imagino hoy.
Y luego un insulto dedicado al bohemio que le escribe estas líneas, mientras en la ciudad es 2016 y cae la madrugada.


lunes, 15 de febrero de 2016

200 partidos del "Ruso" en Belgrano


“Sigo teniendo la misma esencia. Y le pido eso al jugador: la esencia amateur. No hay que olvidarse de donde venís, para no equivocar el camino.” 
Ricardo Zielinski


viernes, 12 de febrero de 2016

Pepona on the rocks

                                                                              
                                                           por Pablo Iván

No es un actor de Hollywood ni una estrella de rock and roll. La foto es de El Gráfico, 24 de octubre de 1972, extraída de una entrevista titulada "José Omar Reinaldi, la 'vedette' de Belgrano de Córdoba".

Escribe el periodista Carlos Thiery: "Flor de sandwich: la camiseta celeste de Belgrano, emparedada desde arriba por la inconfundible brocha rubia, desde abajo por 24 tapones que danzan sobre el césped, tocándolo apenas. José Omar Reinaldi -más conocido por el alias inmortal "La Pepona"- es la bandera cordobesa del fútbol argentino, aunque digan que no es valiente, que no llega al área y que de tanto en tanto se desenchufa del partido. Estas tres leyendas, definitivamente agregadas al folklore cordobés, se pueden discutir bastante y serán discutidas hasta el juicio final de los ilustres boliches del barrio Clínicas".

Año tras año se anunciaba una posible transferencia que nunca llegaba, a un club de Buenos Aires o del exterior: "Sin embargo aquí me tenés. A veces creo que voy a terminar mi carrera en Belgrano y la idea no me molesta”. 

Cada tanto me pregunto, qué hubiera pasado si este extraordinario jugador no hubiera jugado en Talleres. Está claro que sería el GRAN ídolo, quizás el máximo de la historia; sin embargo, esa desafortunada  decisión lo redujo a ser una de las más grandes figuras que han pasado por el Club, aunque nos parezca poco. Los números hablan por sí solos: 266 partidos, 104 tantos, jugando sin interrupción entre 1968 y 1975, y posteriormente en 1981 y 1984.

La Pepona se perdió de mucho amor popular, de que lo lleven a cococho por la peatonal, de que lo besen en los bares en las madrugadas, de que lo cansen con pedidos de fotos y autógrafos. Se perdió de ser una leyenda irrefutable. Incluso, de que la tribuna sur del Kempes lleve su nombre; el de un futbolista cordobés, bien nuestro, como ocurre con el resto de las gradas del estadio.

Han pasado 44 años desde que publicaron esta nota y el panorama no ha cambiado, respecto de lo que genera esta personalidad en el ambiente del fútbol. Tal como vaticinó aquel periodista, las opiniones sobre él siguen y serán siendo discutidas en los boliches más ilustrados del Clínicas. Hay quienes lo valoran por su condición de crack, por gratitud ante tantas emociones vividas en El Gigante; o por la nostálgica premisa de que todo pasado fue mejor. Mientras que otros lo defenestran por la dolorosa puñalada que significó verlo vestido de azul y blanco. Herida que todavía sangra, en las almas de quienes lo bancan y en las de sus más acérrimos detractores.

Querido y odiado por igual, el implacable paso del tiempo no logró que “La Pepona” nos sea indiferente. Que se nos quite de la boca ese sabor tan amargo y tan dulce a la vez, pero jamás insulso. Se trata de un “distinto”, digan lo digan. La estética de su look en buena medida contribuye: los posters más hermosos de Belgrano, son los que brillan con su melena y su bigote dorado, a lo Hulk Hogan.

Cuando me angustio pensando en lo que pudo ser y no fue,  suelto esta frase al viento para consolarme: "La Pepona es como esa mina que te caga, pero la seguís queriendo".